La visita sorpresa de mi hermano, ha sido lo más significativo que alguien ha hecho por mi.
No hay otra manera de ponerlo. Mi hermano es mi mundo y me salvó.
Llego un tres de septiembre a las 9 de la mañana, caminando por la calle de mi casa.
El tocó el timbre, y mi madre atendió mientras yo desayunaba fruta. El clima era delicioso, pues septiembre en Monterrey, siempre son lluvias, y un rico aire.
Me sentía tan cansada, la comida ya ni si quiera me sabía a nada, sabría que la pasaría muy mal en mi cumpleaños sin mi hermano, y con tantas cosas que pasaban dentro de mi.
Mamá gritaba, y yo escuchaba la risa de mi hermano, pero recién levantada como que no entendía nada.
Mamá dijo -Ay mijito! mijito!- entonces ahí fue cuando me levanté de la mesa para ver qué estaba pasando.
No pude hacer nada, me quedé fría. No lo podía creer, me llevé mis manos a la boca, abrí mis ojos... me solté a llorar y a abrazarlo.
El llegó un día antes de que yo cumpliera 22 años, me la estaba pasando muy mal en aquel entonces. Incluso la noche anterior lloré muchísimo, y le decía a mi buen amigo ruly, que era demasiado pesado todo esto, y que lo peor era en la noche.
Las noches si son lo peor cuando uno se siente mal. No haces nada más que pensar y pensar y luego vas a dormir y sueñas con las cosas que no quieres.
Despiertas en la mañana , y no quieres saber nada de nadie, desayunar hace que se te revuelva el estómago, manejar a la escuela es un riesgo , y solo deseas llegar temprano a clase de estadística para olvidarte de todo aquello.
Aún así, tenía que hacer las cosas aunque fuese en calidad de bulto, pero tenía que hacerlas.
Tengo que aceptar, que escribo mucho sobre estas cosas. Pero es que estas cosas cambiaron mi vida , tanto las buenas como las malas, y estas cosas , ya no suelo platicarlas tanto como hace mucho tiempo solía contar y platicar.
Tengo que aceptar, también, que debo sonar un poco fatalista al hablar de cuan mal me sentía, pero así me sentí y no hay otra manera de ponerlo.
Pero vale la pena resaltar las cosas buenas, vale muchísimo la pena volverlas a contar una y otra vez. Vale harto detallarlas, pues fueron días que me cambiaron la vida.
Las canciones de Gonzalo Deniz, mi hermano, mis amigas, mis padres , la estadística descriptiva, y las visitas del 12 de septiembre, me trajeron a la vida de nuevo.
Pude haberme tirado al vacío, y eso resulta bastante peligroso cuando no sabes ni en lo que estas pensando. Pero no lo hice, y aquí estoy, más libre que nunca escribiendo sobre los días que cambiaron mi vida.
Estoy plena , estoy libre de un ciclo que pensé jamás terminaría.
Y eso es todo lo que tengo que decir para el día de hoy.
No hay otra manera de ponerlo. Mi hermano es mi mundo y me salvó.
Llego un tres de septiembre a las 9 de la mañana, caminando por la calle de mi casa.
El tocó el timbre, y mi madre atendió mientras yo desayunaba fruta. El clima era delicioso, pues septiembre en Monterrey, siempre son lluvias, y un rico aire.
Me sentía tan cansada, la comida ya ni si quiera me sabía a nada, sabría que la pasaría muy mal en mi cumpleaños sin mi hermano, y con tantas cosas que pasaban dentro de mi.
Mamá gritaba, y yo escuchaba la risa de mi hermano, pero recién levantada como que no entendía nada.
Mamá dijo -Ay mijito! mijito!- entonces ahí fue cuando me levanté de la mesa para ver qué estaba pasando.
No pude hacer nada, me quedé fría. No lo podía creer, me llevé mis manos a la boca, abrí mis ojos... me solté a llorar y a abrazarlo.
El llegó un día antes de que yo cumpliera 22 años, me la estaba pasando muy mal en aquel entonces. Incluso la noche anterior lloré muchísimo, y le decía a mi buen amigo ruly, que era demasiado pesado todo esto, y que lo peor era en la noche.
Las noches si son lo peor cuando uno se siente mal. No haces nada más que pensar y pensar y luego vas a dormir y sueñas con las cosas que no quieres.
Despiertas en la mañana , y no quieres saber nada de nadie, desayunar hace que se te revuelva el estómago, manejar a la escuela es un riesgo , y solo deseas llegar temprano a clase de estadística para olvidarte de todo aquello.
Aún así, tenía que hacer las cosas aunque fuese en calidad de bulto, pero tenía que hacerlas.
Tengo que aceptar, que escribo mucho sobre estas cosas. Pero es que estas cosas cambiaron mi vida , tanto las buenas como las malas, y estas cosas , ya no suelo platicarlas tanto como hace mucho tiempo solía contar y platicar.
Tengo que aceptar, también, que debo sonar un poco fatalista al hablar de cuan mal me sentía, pero así me sentí y no hay otra manera de ponerlo.
Pero vale la pena resaltar las cosas buenas, vale muchísimo la pena volverlas a contar una y otra vez. Vale harto detallarlas, pues fueron días que me cambiaron la vida.
Las canciones de Gonzalo Deniz, mi hermano, mis amigas, mis padres , la estadística descriptiva, y las visitas del 12 de septiembre, me trajeron a la vida de nuevo.
Pude haberme tirado al vacío, y eso resulta bastante peligroso cuando no sabes ni en lo que estas pensando. Pero no lo hice, y aquí estoy, más libre que nunca escribiendo sobre los días que cambiaron mi vida.
Estoy plena , estoy libre de un ciclo que pensé jamás terminaría.
Y eso es todo lo que tengo que decir para el día de hoy.



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